Los primeros años de la vida de Marie Curie estuvieron marcados por un hecho muy duro: la dura muerte de su hermana Zofia, a causa de la enfermedad del tifus. Y, tan sólo dos años después, su madre falleció por culpa de la tuberculosis. Todo esto hizo que Marie diera el paso de dejar la religión católica romana y decidiera volverse agnóstica. Una de sus grandes pasiones, desde muy pequeña, era la lectura (con tan sólo cuatro años de edad, ya era capaz de leer, de manera perfecta), le encantaba todo lo que tratase la historia natural y la física. En Secundaria era la mejor estudiante de su clase y lograba influir en sus propias compañeras, gracias a su pasión por el trabajo. La joven dominaba el polaco, el ruso, el francés y el alemán. Más tarde, se empezaría a apasionar en Física y se graduó con 15 años de edad. En 1891, consigue inscribirse en la Facultad de Ciencias Matemáticas y Naturales, de la Universidad de la Sorbona. En ese momento, decidió cambiarse el nombre, para ser Marie Sklodowska. Aunque tenía una fuerte y sólida base cultural, que había aprendido de manera autodidacta, Marie tuvo que trabajar mucho para poder mejorar sus conocimientos de francés, física y matemáticas, para poder estar al mismo nivel que sus compañeros. En 1893, logra licenciarse en Física y obtuvo el primer puesto de su promoción. En 1894, se licencia en matemáticas, siendo la segunda de su promoción.
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