Cajal, durante su etapa en Cuba, se enamoró de los maravillosos jardines y parques de la ciudad de La Habana y por su magnífica flora tropical. Ya antes de viajar a la isla, se había sentido atraído por la isla, a través de los libros que había leído. Pero su ideal romántico y aventuro se acabó a causa del horroroso paludismo, que era propagado por los mosquitos, que hacia estragos entre los europeos. Después, a pesar de que su padre le había logrado cartas de recomendación, para poder conseguir un destino más favorable, las rechazó y fue enviado al peor destino que le podía tocar: la enfermería de Vistahermosa, en medio de la provincia de Camagüey, una de las zonas más peligrosas de la isla cubana. Se encontró con soldados, que estaban gravemente enfermos de paludismo y de disentería, todo esto hizo que el propio Cajal sufriera las mismas enfermedades que los soldados y un agotamiento físico grave. Pasó su convalecencia en Puerro Príncipe, en la enfermería de San Isidro, que estaba en peores condiciones, todavía, que la de Vistahermosa,. A causa de todo esto, en junio de 1875, tuvo que volver a España. Toda la experiencia anterior fue muy amarga para el joven médico. Tras ser diagnosticado de “caquexia palúdica grave” y declarado, de manera oficial, de “inutilizado en campaña”, el 30 de mayo de 1875, tuvo que abandonar Cuba. Para poder recibir la mitad de las pagas atrasadas, se vio obligado a sobornar al funcionario de turno. Tras volver a España y gracias a los cuidados de su madre y sus hermanas, se recuperó completamente. Sin duda, una muy mala experiencia.
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