"Aunque
siempre se piensa en los meteoritos como un detrimento para la vida,
podrían haber contribuido a su formación al traer material
orgánico a
la tierra o producir sistemas hidrotermales en los que la vida
pudiese florecer",
ha explicado Brandon Johnson, de
la Universidad de Purdue (Indiana, EE UU). Los hallazgos, que han
realizado estos científicos, al mismo tiempo, van a respaldar el
Modelo de Niza, una hipótesis que defiende que los planetas
gigantes, de tipo gaseoso, que se encuentran en el Sistema Solar (o
sea, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno) se movieron, a partir de una
distribución inicial mucho más compacta, hasta llegar a sus
posiciones actuales. El desplazamiento de dichos planetas provocó un
gran número de asteroides que se sintieron atraídos hacia el
interior del Sistema Solar, lo que llevó a que impactaran, de manera
violenta, contra la Tierra, la Luna y otros cuerpos, en un fenómeno
que recibe el nombre de bombardeo intenso tardío. Estos impactos
causaron grandes cráteres sobre la superficie de la Luna, que se han
conservado mucho mejor sobre el planeta Tierra, lo que ha facilitado
una gran cantidad de información, para poder comprender mejor como
ha sido este fenómeno, como ha explicado Bottke.
Foto: fuente
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