Los
huevos ovoidales van a corresponder, de manera estricta, con
dinosaurios del Cretácico, que van a ser diferentes a los de los
dinosaurios no aviarios, que si eran capaces de poner huevos
simétricos y alargados. La asimetría, que caracteriza a este tipo
de huevos, va a estar asociado con la fisiología de las aves, con un
único conducto que no va a poder formar más de un huevo, en cada
vez, y que va a alojar en su extremo más grueso una bolsa de aire,
que va a facilitar la respiración del pájaro, durante sus últimas
etapas de su desarrollo. El hallazgo es considerada como “el
eslabón perdido” entre los huevos de dinosaurios y de aves, que
van a recordar al descubrimiento de un huevo parecido, en tierras
argentinas, que corresponde a un ave primitivo, que habría existido
en la misma época.
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