El
robot ya es capaz de entender lo que se le solicita, coger las
piezas, que se han planificado, y, para esta razón, se ha programado
para poder asociar una palabra dicha en voz alta, con una determinada
acción, o sea, en este caso, que toque un instrumento y, en un
futuro, llegar a componer sus propias piezas, ya que su “cerebro”
está formado por el total de 12 procesadores, a los que está unido
a través de un cable. Uno de los objetivos, por los que se trabaja
con el cerebro, es por que este se ha desarrollado gracias al mundo
social, por eso la idea es modular ese cerebro social y entender cómo
es el funcionamiento a través del androide. Este ambicioso proyecto,
que une la neurociencia y la tecnología, posee, por otro lado, unas
implicaciones éticas, a que, en el fondo, se busca conocer cómo
funciona la conciencia, empleando los robots para ello. El director
del proyecto ha señalado que el reto, a largo plazo, es que, en un
futuro, cuando la demografía y el envejecimiento de la población lo
necesiten, estos humanoides posean la movilidad y la conciencia, en
un grado suficiente, para poder atender, de una manera perfecta a
personas que tengan alguna incapacidad física o mental, como puede
ser el Alzheimer. Por el momento, el iCub de Barcelona no es capaz de
caminar.
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