Para
poder llegar a todas estas conclusiones, los investigadores han
llevado a cabo distintos experimentos, con distintos ejemplares de la
mosca de la fruta, un modelo de animal, en que que se han llevado a
cabo otros estudios sobre la memoria, que se pueden aplicar al ser
humano. A las moscas se le sometieron a situaicones, en la que iban a
recibir distintas “recompensas”, como podía ser, por ejemplo, la
“comida”; o, también, pequeños “castigos”, como pueden ser
pequeñas descargas eléctricas, que van asociados a diversos olores.
Durante dichos procesos de adquisición de la memoria olfativa, los
científicos han registrado los cambios, que se producen en el
cerebro. Los resultados que han mostrado que un mismo
neurotransmisor, la dopamina, que puede inducir al aprendizaje -a
través de la estimulación del receptor dDA1-, o bien del propio
olvido -si se va a unir al receptor DAMB. Los investigadores
sostienen que la coexistencia de dichos mecanismos, a lo largo del
proceso de adquisición de nuevos recuerdos, va a funcionar para
poder filtrar aquellos que son los verdaderamente importantes y nos
podremos fijar en el proceso, que se conoce como consolidación, tras
el que los recuerdos están a salvo de aquellos procesos de olvido, a
través de la dopamina.
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